Marco Martignoni
  • Lapidación y Orfebrería
  • 42 años de experiencia como artesano

Mi oficio es mi vida. El lugar donde resido y trabajo es de total ruralidad, de vegetación nativa, de estero libre y cristalino, de “frontera” entre contaminación y aire puro, entre cordillera y valle, entre agua y sequía, entre civilización capitalina y costumbres campesinas. Soy parte de todo eso y socializo con las personas cuando bajo del cerro para mostrar mis trabajos, de preferencia en mi comuna. Allí busco conversaciones inspiradoras. En Pirque, siempre hay mucho que aprender.

Una parte importante de mí quehacer tuvo origen fortuito cuando, a causa del terremoto de 2011, un enorme granito se desprendió y rodó cerro abajo por más de 200 metros, aterrizando en el pasillo exterior de mi casa, sin dañarla. Meses después y gracias a la habilidad de mi vecino cantero, la piedra fue trozada en bolones y como gesto de agradecimiento al “milagro” ocurrido, me impuse trabajar los despuntes que quedaron, transformándolos en amuletos protectores. Así empezó una creativa y mística aventura, con la piedra símbolo de la comuna: el granito.

Puedo recolectar trozos de piedras en mi entorno, así como durante algún viaje por el país: crisocola y cristales en el norte, obsidiana en los faldeos de los volcanes del sur. También compro “palmetas” de distintas piedras en alguna pequeña fábrica de la región. Ahí incrusto cuadros que desarrollo con plata fina, piedras molidas y corales. El metal plata lo compro en los comercios establecidos de la capital que venden granalla.

Respecto al proceso de producción, me sirvo de dos componentes básicos: la idea y la experiencia en el oficio. Al tener la idea paso rápidamente al mesón de trabajo y en algunos casos “garabateo” unas líneas en cualquier papel. No uso papel milímetrado, ni hago cálculos matemáticos. Tal vez es un instinto que se acostumbró a salir a diario sin más pretensiones que ser estéticamente armónico. Para los cuadros en piedra muchas veces me inspiro en dibujos precolombinos que me han atraídos desde siempre. En el caso de la platería doy todos los pasos, desde la fundición del metal, la laminación, trefilación, construcción de la pieza de manera manual, soldadura, lijado, acabado.

Mis primeros atisbos artesanales fueron durante la enseñanza media cuando la revolución hippie golpeó fuerte. En ese tiempo (años 70’), solía ganarme unos pesos vendiendo a mis compañer@s collares de mostacillas coloradas que armaba u posters de algún ídolo musical que dibujaba para después hacer varias copias en imprenta. Diez años después, patiperreando por Latinoamérica, me empezaron a llamar la atención trabajos de coral y concha perla hechos por hippies locales. Con esos mismos materiales empecé a sumergirme en la artesanía aprendiendo alguna técnica básica por el camino y practicando de forma autodidacta.

Al realizar mi trabajo me siento tranquilo teniendo el tiempo y el espacio para materializar ideas a través de nobles ingredientes como plata y piedras. Siguiendo mis antiguas influencias hippies me atrae mucho incorporar colores. Pienso que el color impacta por su fuerza, su vitalidad y de esta forma puede contribuir a un mundo más armónico, más estéticamente placentero. Mi oficio, como muchos otros, es para que la gente lo disfrute. Es para aportar alegría, bienestar emocional, quizás reflexión. También aporto valor identitario a mí territorio, al que debo todo.

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